Un viaje a la playa narrado desde el asiento de atrás del auto familiar se vuelve un paréntesis en el espacio y en el tiempo. Como en la foto que improvisan los personajes de Prontos, listos, ya, la infancia está detenida para siempre en una cinta magnética que no podemos dejar de pasar.

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Un viaje a la playa narrado desde el asiento de atrás del auto familiar se vuelve un paréntesis en el espacio y en el tiempo. Como en la foto que improvisan los personajes de Prontos, listos, ya, la infancia está detenida para siempre en una cinta magnética que no podemos dejar de pasar.