«La novela se abre en Tucumán, lugar al que llega la ingeniera Fátima Moran. Su propósito es pragmático: realizar una investigación y finalizar su tesis. No sabe, al llegar, que la espera otro viaje más decisivo, más a lo profundo de esas tierras vacías y despobladas a las que los españoles de la conquista dieron el nombre de valle de Tafingasta, tierras que, imperturbables, siguen gravitando sobre la vida y el destino de los hombres que las habitan. Lugar que atrapará a la protagonista hasta cambiarle la vida. La profunda sugestión del lugar, cuya explicación no está en ningún libro ni nadie puede transmitir, es la que siente Fátima desde el primer momento. Siglos después de que sus habitantes primigenios, misteriosamente, levantaran sus construcciones y las abandonaran, esos cerros, especialmente el Muñoz, guardan secretos atávicos o próximos que ella, como extranjera, intentará develar. ‘La visitante’ es el retrato contemporáneo de un lugar arcaico; un cruce entre la ingeniería genética y la celosa conservación de una cultura que se resiste a ser desalojada. El paisaje, extraordinariamente descripto en la novela, es un elemento constitutivo de la narración. Es un paisaje intervenido por la historia, testigo secreto, pero no mudo, de las acciones, incomprensibles o perversas, de los hombres. La protagonista se pliega sin disquisiciones a ese ámbito con el solo afán de comprender, tal vez de encontrar un lugar que cobije su soledad. Los dos hombres decisivos en ese arraigo -Serafín, el ingeniero indio, con una atracción tan fuerte como la tierra misma; Manuel, el criollo paternal, cuya vida guarda un secreto trágico que el valle oculta- son emergentes de ese paisaje y de esta historia. Narrada con elocuente parquedad, esta primera novela de Claudia Solans brilla en los personajes delineados con gran precisión, en el paisaje, de una presencia novelística inapelable, y en la línea argumental que despliega, en el motivo del viaje, el desciframiento de la propia identidad: alguien que llega al valle sin saber quién es y hace en el valle su elección existencial.» Sylvia Iparraguirre

La visitante

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«La novela se abre en Tucumán, lugar al que llega la ingeniera Fátima Moran. Su propósito es pragmático: realizar una investigación y finalizar su tesis. No sabe, al llegar, que la espera otro viaje más decisivo, más a lo profundo de esas tierras vacías y despobladas a las que los españoles de la conquista dieron el nombre de valle de Tafingasta, tierras que, imperturbables, siguen gravitando sobre la vida y el destino de los hombres que las habitan. Lugar que atrapará a la protagonista hasta cambiarle la vida. La profunda sugestión del lugar, cuya explicación no está en ningún libro ni nadie puede transmitir, es la que siente Fátima desde el primer momento. Siglos después de que sus habitantes primigenios, misteriosamente, levantaran sus construcciones y las abandonaran, esos cerros, especialmente el Muñoz, guardan secretos atávicos o próximos que ella, como extranjera, intentará develar. ‘La visitante’ es el retrato contemporáneo de un lugar arcaico; un cruce entre la ingeniería genética y la celosa conservación de una cultura que se resiste a ser desalojada. El paisaje, extraordinariamente descripto en la novela, es un elemento constitutivo de la narración. Es un paisaje intervenido por la historia, testigo secreto, pero no mudo, de las acciones, incomprensibles o perversas, de los hombres. La protagonista se pliega sin disquisiciones a ese ámbito con el solo afán de comprender, tal vez de encontrar un lugar que cobije su soledad. Los dos hombres decisivos en ese arraigo -Serafín, el ingeniero indio, con una atracción tan fuerte como la tierra misma; Manuel, el criollo paternal, cuya vida guarda un secreto trágico que el valle oculta- son emergentes de ese paisaje y de esta historia. Narrada con elocuente parquedad, esta primera novela de Claudia Solans brilla en los personajes delineados con gran precisión, en el paisaje, de una presencia novelística inapelable, y en la línea argumental que despliega, en el motivo del viaje, el desciframiento de la propia identidad: alguien que llega al valle sin saber quién es y hace en el valle su elección existencial.» Sylvia Iparraguirre